Un problema casi irreversible
Hoy en día, el uso de la tecnología se ha vuelto indispensable para la humanidad llegando al punto de automatizar todo lo cotidiano con un bajo nivel de restricciones; el ser humano ha visto en este proceso de la digitalización un pilar esencial para el progreso de la sociedad dado a que con ella encuentra un sinfín de herramientas y posibilidades a partir de un simple clic; sin embargo, no podemos negar que esto no solo acarrea ventajas si no también un daño que carcome poco a poco el intelecto humano en todas sus facetas.
En la actualidad, ha surgido un auge de las Inteligencias Artificiales, quienes cada vez ganan más campo en los asuntos que inicialmente solo se atribuían al ser humano y si bien es cierto que estos avances facilitan las altas demandas de una sociedad inconforme y ambiciosa, tampoco se puede negar el terrible efecto que la mayor accesibilidad a estas causaría. Será cuestión de pocos años observar precarios índices de creatividad e intelecto nato en la población si esta se adapta totalmente al ideal del facilismo y a la mentalidad de cumplir y asumir todo lo que se le dice sin razonar.
Es de imaginarse sin necesidad de mucho esfuerzo, que si absolutamente todas las tareas propias del ser humano se automatizan el incremento de individuos poco éticos y la disminución de buenos profesionales saltarán a la vista y solo evidenciarán la decadencia de la capacidad pensante del hombre. Dejar que máquinas o inteligencias artificiales sustituyan nuestra participación en los trabajos humanos nos conllevará a convertirnos en esclavos del modernismo y a ser incapaces de reflexionar sobre todo lo que nos compete, la mente humana corre un grave peligro y esto es casi innegable, y a futuro, la falta de ingenio nos conducirá a un precipicio del que después nos costará salir o peor aún del que no querremos escapar.
Es tiempo de retomar todas aquellas actividades que muchos consideran tediosas, volver a recurrir a los libros como fuente de información y más aún como entretenimiento, cuestionar cada vez que sea necesario, hacer cosas por nosotros mismos, indagar, investigar, estimular nuestra imaginación y retomar aquellas funciones de las que las nuevas tecnologías y la automatización nos han separado y desplazado aún pudiendo revertir esta directa consecuencia del facilismo y la modernización.
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